Seis historias
El domingo 21 de septiembre, miles de personas salieron a correr los 42 kilómetros del Maratón de Buenos Aires. Entre ellas, seis atletas de Gravity Run Club cruzaron la meta — cada uno luego de recorrer su propio camino hasta esa largada.
Algunos corrían su primer maratón. Otros ya conocían la distancia y volvían a probarla después de lesiones, pausas, o simplemente porque todavía tenían algo pendiente con ella. Les pedimos que nos contaran su carrera con sus propias palabras, y esto es lo que nos devolvieron.
Si estás leyendo esto y todavía no conocés a Gravity: somos un grupo de entrenamiento de running con base en Merlo (Buenos Aires) y atletas a distancia. Lo que sigue son las historias reales de los atletas que entrenan con nosotros y fueron parte de este gran evento.

Seguí leyendo: alguna de estas historias puede terminar pareciéndose a la tuya. Y si te interesó lo que viste hasta acá, seguinos para conocer las próximas, o unirte a este gran equipo donde armamos tu plan personalizado para que vos también puedas cumplir tus objetivos.
Luis: "Todo lleva su tiempo"
Luis venía pensando en correr un maratón hace varios años. No fue una decisión de un día para el otro — como él mismo dice, todo lleva su tiempo. El envión final llegó después de una buena temporada en 2025, en la que logró mejorar sus marcas personales. Fue entonces cuando se dijo: ¿por qué no un maratón? En enero de este año terminó de convencerse y empezó a prepararlo en serio.
Las últimas dos semanas antes de la carrera fueron, según cuenta, las más difíciles de sobrellevar — no físicamente, sino mentalmente. La ansiedad se instaló y no lo soltó hasta la largada.
El día de la carrera arrancó bien: buenas sensaciones, pulsaciones controladas, respiración cómoda. Pero en el kilómetro 36 empezaron los primeros tirones y calambres. Aguantó hasta el kilómetro 40, donde tuvo que parar. "Sentí mucha bronca", cuenta. Los últimos dos kilómetros los hizo caminando, con apenas algunos tramos cortos de 50 metros corriendo.
No se permitió parar del todo porque sabía que, si se sentaba a descansar, no iba a poder levantarse de nuevo. Así que siguió, paso a paso, hasta el arco de llegada.
Cruzar la meta no fue solo un festejo. "Sentí que me quedó un trago amargo", dice, pero también la certeza de haberlo logrado. Los dos sentimientos conviven, y quizás eso sea lo más honesto de un primer maratón: no siempre sale como uno lo imaginó, pero se hizo.

Como resume Luis:
42 kilómetros que fueron mucho más que una carrera: fueron meses de esfuerzo, sacrificio, sueños y la prueba de que cuando uno no se rinde, puede llegar mucho más lejos de lo que imagina.
Gabi: "Un logro compartido"
La idea de correr un maratón ya estaba en la cabeza de Gabi antes de una lesión que la obligó a postergarlo todo. Cuando volvió a entrenar, el objetivo seguía ahí — pero primero tenía que volver a sentirse segura, recuperar la confianza en su cuerpo antes de ponerle una fecha.
En diciembre de 2025 decidió que era momento de arrancar en serio. Y en abril, mientras preparaba una carrera de 30 kilómetros, terminó de convertir la idea en un objetivo concreto: este era el año. Desde ahí, disciplina pura — entrenamiento tras entrenamiento, sin saltarse ninguno.
Los días previos a la carrera los vivió con una felicidad que no podía disimular. Solo quería que llegara el 20 de septiembre para pararse en el arco de largada.
En el kilómetro 30, cerca de la zona del Buquebus, sintió ese tramo silencioso que, según cuenta, "te come la cabeza". Es un momento conocido entre quienes corren esta distancia en Buenos Aires: pocos espectadores, el cansancio acumulado, la mente empezando a jugar en contra. Pero el deseo de llegar, y saber que del otro lado la esperaban sus seres queridos, pudieron más.
Cruzar el arco fue, en sus palabras, maravilloso. Ahí se le cruzaron todos los entrenamientos: los fondos corridos en silencio, los que hizo con música, los días que no tenía ganas de salir pero salió igual porque la disciplina pudo más que las ganas. Y compartir ese momento con Javi, su marido, lo hizo aún más especial.
Para Gabi, el maratón —"la madre de todas las distancias"— es un logro personal. Pero también, dice, se hace mucho más llevadero cuando hay alguien al lado que te escucha y te acompaña.

El maratón, la madre de todas las distancias: un logro personal, pero se hace más llevadero con Javi y amigos que te escuchan y acompañan. Así que 100% un logro compartido. Soy muy feliz y maratonista.
Alejandro: volver a probarse, después de diez maratones
Alejandro no es de los que llegan a su primer maratón. Antes de este, ya había corrido nueve. Se salteó el año de la pandemia, y en 2025 tuvo que parar por un problema en el trocánter del sacro que lo dejó afuera de las pistas por un tiempo. Este maratón, entonces, tuvo un significado distinto al de los anteriores: era volver a probar la distancia y confirmar que su cuerpo respondía bien otra vez.
Llegó a la largada tranquilo. Sabía que había hecho todo lo que tenía que hacer para estar ahí, y también era consciente de lo que esta carrera puntual le iba a exigir. Conocer los propios límites, dice, es parte importante del proceso.
Durante el recorrido, el aliento de gente conocida en distintos tramos le dio impulso — en un momento inesperado se cruzó con Javi, y compartieron unos metros de carrera juntos.
La humedad y el viento complicaron varios tramos de la carrera. Alejandro se propuso no exigir de más sus pulsaciones y mantener todo bajo control. Cerca del Planetario, en una de las partes más bajas del recorrido, apeló a la respiración coordinada para sostener la constancia cuando el cuerpo empezaba a pedir tregua.
Cuando cruzó la meta, el primer pensamiento fue simple y contundente: lo logré.

La meta es solo el reflejo de todo lo que superé en el camino, durante estos 10 maratones.
Griselda: correr con la cabeza tanto como con las piernas
Antes de este domingo, Griselda ya había corrido tres maratones. Corrió el último en 2023 y después paró: una lesión la obligó a alejarse de la distancia por un buen tiempo, durante el cual se volcó a carreras más cortas mientras reconstruía su cuerpo. Volver a sentirse bien como para encarar un maratón de nuevo le costó, y mucho.
La decisión de correr una vez más llegó cuando empezó a sentirse mejor aeróbicamente, y terminó de definirse gracias al grupo de compañeros que también iba a correr — el empujón que a veces hace falta para animarse.
Los días previos, aunque estaba más tranquila y relajada que en otras oportunidades, cargaba con el peso de saber que no había podido completar todos los entrenamientos planificados, por distintos motivos. A eso se sumaba un dolor en el tobillo y la tibia baja, y uno nuevo en la rodilla que había aparecido apenas una semana antes de la carrera — algo que, según cuenta, no le contó a nadie más que a sí misma. Ese combo le generaba bastante incertidumbre. Lo que le quedaba, dice, era "jugar la carta de la experiencia".
Y la jugó con una estrategia particular: sonreír. En cada momento de la carrera que recuerda, se ve a sí misma sonriendo mientras sufría un poco. En el kilómetro 30 empezó el dolor de tobillo; cerca del 35, el de rodilla. Desde ahí hasta la meta, todo se hizo cuesta arriba. Para seguir, pensaba en todo lo que había hecho para llegar hasta ahí: que ese era el día, que después ya no habría nada que solucionar. Era ese momento o ninguno.
Griselda descubrió — o confirmó — algo que aplica mucho más allá de una carrera: la cabeza maneja el cuerpo. Durante todo el recorrido se repitió "sí puedo, lo estoy haciendo bien, lo estoy haciendo bien", y sonrió todo el tiempo que pudo. En las fotos que le sacaron a lo largo del circuito — y dice que hay muchísimas — aparece sonriendo en la mayoría. Según su propia teoría, cuando la mente entiende que todo está bien, deja de mandar esas alertas que piden parar.
Cuando cruzó la meta, se dijo a sí misma: "lo hice otra vez".

Correr esta maratón significó que si quiero, puedo.
Gustavo: "Ni en la reput*** vida"
Gustavo ya había corrido 30 kilómetros antes, y en algún momento se hizo una pregunta simple: ¿y si estiro un poco más y pruebo el 42? Nunca había tenido en la cabeza la idea de correr un maratón — ni correr, en general, había estado en sus planes. Pero así es esto, dice: cada vez que superás algo, empezás a querer superarte un poco más. Llegar a ser maratonista se convirtió en otro logro de esa cadena. Como él mismo resume, entre risas: nunca lo había pensado, "pero ni en la reput*** vida, con perdón de la palabra" se lo hubiera imaginado apenas unos años atrás.
Se lo tomó con calma. Se mentalizó, escuchó los consejos de quienes ya habían corrido la distancia y especialmente los de su entrenador. Se quedó con una sola idea clara: medirse por los pulsos y no exigirse de más. No buscó ritmo, no buscó nada en particular. El objetivo era uno solo: llegar.
Si se pone a pensarlo en frío, todavía le cuesta creerlo. Durante mucho tiempo se decía a sí mismo que jamás iba a salir a correr, y sin embargo ahí estaba, terminando un 42K. Este último tiempo no fue fácil para él en lo personal — como dice, fue "un año difícil" — y de alguna manera, haber llegado hasta acá le trajo algo de calma en medio de todo lo demás.
Los momentos que se le grabaron fueron muchos: la sensación de saber que podía lograrlo, el sufrimiento del recorrido, todo eso que —dice— no se le va a borrar de la cabeza. Empezó a caminar ya en el kilómetro 25, pero lo más duro llegó entre el 37 y el 38: el kilómetro 40 se le hacía inalcanzable, y por momentos pensó en dejar de correr directamente. Lo que lo sostuvo fue la compañía de su compañero de equipo Juan, que lo acompañó corriendo a su lado todo el tramo final. Para seguir, trató de enfocarse en otra cosa. En esos kilómetros pensó mucho en su papá, y eso le dio la fuerza que necesitaba para seguir.
Cuando cruzó la meta, sintió la satisfacción de haberlo logrado, algo que para él no tiene precio. Es curioso, dice: cuando estás ahí sufriendo, en pleno esfuerzo, pensás que no vas a correr nunca más. Y sin embargo, ahí sigue.

La satisfacción de haberlo logrado, de haber cruzado la meta, no tiene precio. Es algo único.
Marcelo: "Maratón 2027, esperame"
Marcelo venía entrenando hacía cuatro años cuando decidió que era el momento de correr su primer maratón. La idea le rondaba desde hacía año y medio — hasta que un día se lo dijo a Eze, su entrenador, y el plan pasó de idea a objetivo real.
Los días previos a la carrera fueron durísimos, pero no por el cuerpo: fueron los nervios, la ansiedad y el estrés los que le jugaron en contra. Ese combo terminó en una gripe que le tiró para atrás buena parte del entrenamiento que había planificado para esa última semana.
Uno de los momentos más lindos de todo el día llegó en el kilómetro 22: sus compañeros de equipo alentándolo, y su señora sumándose a correr a su lado para acompañarlo hasta la meta. Pero ese mismo tramo marcó, sin que lo supiera todavía, el comienzo de la parte más dura de su carrera — ahí empezó a faltarle el aire.
Desde el kilómetro 30 la respiración se le fue complicando cada vez más, hasta perder la voz. Entre el 38 y el 40 tuvo que caminar. Pensó en abandonar — pero eso, dice, no estaba en él. Sus pulmones le decían que ya no daba más; su cuerpo, su cabeza y sus piernas le decían que podía. No paró en ningún momento, salvo las veces necesarias para que le aplicaran el aerosol.
Y entonces, en el kilómetro 40, pasó algo que todavía no sabe explicar del todo: de algún lado le volvieron las fuerzas, los pulmones se le abrieron de nuevo, y corrió como nunca había corrido en toda la carrera. Gritaba. Lloraba. Hasta que apareció ese arco que un rato antes le había parecido inalcanzable.
Lo que sintió al cruzarlo fue, sobre todo, mucha emoción y alegría. Pero a medida que pasaban los minutos, se le mezcló con bronca y tristeza — por todo lo que había entrenado y por un resultado que no salió como lo había planificado.

Para Marcelo, la experiencia fue hermosa de principio a fin, con alegrías y con bronca a partes iguales. Pero sobre todo, sabe que tiene revancha pendiente:
Fue una experiencia muy hermosa, muchas alegrías pero también tristeza y bronca. Pero sobre todo sé que tengo revancha. Así que Maratón 2027, esperame.
Seis historias, un mismo punto de partida
Luis, Gabi, Alejandro, Griselda, Gustavo y Marcelo corrieron la misma carrera el mismo día, pero cada uno llegó a esa largada por un camino distinto: unos por primera vez, otros volviendo después de una pausa o una lesión. Lo que comparten es haber sostenido, semana tras semana, un plan de entrenamiento — y haber tenido a alguien acompañando ese proceso hasta la meta.
Gracias a Luis, Gabi, Alejandro, Griselda, Gustavo y Marcelo por compartir su historia y sus fotos.
Si estás leyendo esto y alguna de estas historias te hizo ruido — si hace tiempo le das vueltas a la idea de correr una distancia que todavía no probaste, o si estás en un proceso de volver después de una pausa — en Gravity armamos planes de entrenamiento personalizados: presenciales o a distancia para quien no puede entrenar cara a cara con el entrenador. Escribinos y te contamos cómo empezar.
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